ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.
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El amigo de los diamantes
Johan Dippenaar, director de Petra Diamonds, es un personaje
influyente en el mercado mundial de diamantes. Si es cierto que
los diamantes son los mejores amigos de las mujeres, es hora de
conocer al mejor amigo de los diamantes.
2/11/10. El 24 de septiembre de 2009 fue especial para Petra Diamonds, en
particular para su oficina de Johannesburgo. Ese día llegó la noticia de que
a pocos kilómetros de allí, en la mina Cullinan, se había encontrado un
diamante único. Durante semanas, expertos de la compañía con sede
principal en la isla británica de Jersey hicieron fila para analizarlo y
establecer sus características. Los resultados fueron excepcionales: 507,55
quilates, 100 gramos de peso, cero fisuras. En una palabra, perfecto. Meses
después, en febrero de 2010, la roca se vendió en 35,3 millones de dólares,
la cifra más alta jamás pagada por un diamante blanco en bruto.
La imagen oficial del hallazgo fue la foto de un hombre de poco más de
cincuenta años, con bigote, poco pelo, cara redonda y feliz, enfundado en
una camisa tan azul como el cielo de fondo. En su mano derecha sostenía
orgulloso el diamante, bautizado como Cullinan Heritage por haber sido
descubierto el día que se celebra en Sudáfrica la diversidad cultural del país,
llamado "Heritage Day".
Johan Dippenaar, el hombre de la foto que ganó el derecho a ser la cara del
suceso gracias a sus 20 años de experiencia en el negocio y a su cargo
como director general de la empresa que lo descubrió, se encontraba en
casa ese 24 de septiembre cuando sonó el teléfono y el identificador de
llamadas reveló que se trataba de un empleado de la compañía que
hipotéticamente se encontraba de vacaciones con su familia. Intuyendo que
la razón de la llamada era algo excepcional, decidió sentarse antes de
contestar en caso de que fueran muy buenas noticias, o muy malas. En este
caso el mensajero era portador del primer tipo de noticias.
Dippenaar ocupaba en 2005 el cargo de director de Crown Diamonds
cuando la compañía se unió con Petra, que por ese entonces operaba en
Sierra Leona y Angola. La fusión entre las compañías significó que Petra se
convirtiera en el líder productor de diamantes brutos del mundo y en el
segundo productor de diamantes de Sudáfrica detrás de De Beers, que
maneja el 40% del mercado mundial de diamantes.
El brillo de Cullinan
Una de las jugadas claves de la nueva Petra fue comprarle a De Beers -un
gigante de 20.000 empleados y 8.000 millones de dólares de ingresos
anuales- Cullinan, la mina de diamantes más importante del mundo.
Descubierta a finales del siglo XIX y en operación desde 1902, Cullinan es
famosa por haber parido el diamante más grande de la historia, conocido
como la Estrella del Sur. La fabulosa roca fue descubierta en 1905, pesaba
3.106,75 quilates (621,35 gramos) y fue entregada como regalo de
cumpleaños a Eduardo VII, rey de Inglaterra, por sir Thomas Cullinan, dueño
de la mina en ese entonces. Del diamante Cullinan salieron 150 piezas entre
las que se encuentran la Gran Estrella de África, de 530 quilates, y la Estrella
Menor del África, de 317 quilates, pertenecientes ambas a la Corona
Británica.
Ubicada a unos cuarenta kilómetros de Pretoria, la capital de Sudáfrica, la
mina es también conocida por ser la única que produce los codiciados
diamantes azules, tan escasos que uno de ellos de apenas siete quilates fue
vendido recientemente en Suiza por diez millones de dólares. Cullinan fue
vendida por De Beers a Petra en 2007 por 148 millones de dólares y tras más
de un siglo de operaciones ininterrumpidas se creía que los días de vida útil
del lugar estaban contados y que en dos años quedaría literalmente seco.
Liderada por Dippenaar, Petra extrae de la mina alrededor de un millón de
quilates en diamantes cada año y tiene ya trazado un plan para subir esa
producción a 2,6 millones durante los próximos diez años.
Del fondo de Cullinan se extraen diamantes que se encuentran a 800 metros
de profundidad, una distancia similar a la de donde se encontró en
septiembre del año pasado el Cullinan Heritage. Cinco meses después, en
febrero de 2010, la piedra preciosa fue vendida en 35,3 millones de dólares a
Chow Tai Food Jewelry, una joyería privada con sede en Hong Kong que se
reservó el derecho a anunciar qué pensaba hacer con ella.
Dos días antes de la inauguración del Mundial de Fútbol, Johan Dippenaar
corría de un lado a otro en la oficina que Petra tiene en Johannesburgo, un
discreto edificio de tres pisos y baños perfumados, en el distrito de
Bryanston. Mientras el mundo entero ponía los ojos en Sudáfrica, Dippenaar
tenía pocas horas para dejar todo en orden y poder irse de vacaciones con
su familia. Sus ancestros llegaron a África en 1708 procedentes de Prusia y
su apellido original era Depner. Johan fue boxeador en su juventud y
admiraba al panameño Roberto ‘Mano de Piedra' Durán sobre todas las
cosas.
El té de arbusto rojo, una planta que solo se da en Sudáfrica, es su bebida
preferida. La bebe todo el día y se la ofrece a todo aquel que lo visita. Le
gusta tomársela hirviendo en un juego de té inmaculadamente blanco.
Ligeramente dulce y sin cafeína, la bebida de arbusto sirve para curar
alergias, fortalecer dientes y huesos y combate la hipertensión. Dippenaar
atribuye a las propiedades de la bebida gran parte de su buena salud.
Petra cuenta con cinco minas en Sudáfrica, una en Tanzania, otra en
Botsuana y oficinas en Londres, Amberes y Johannesburgo, todas
coordinadas desde la pequeña Isla Jersey, una dependencia de la Corona
Británica enclavada en el Canal de la Mancha, cerca a la costa francesa de
Normandía, que cuenta con apenas 90.000 habitantes, un dialecto llamado
jèrriais que es hablado y entendido por menos de 10.000 personas, y un
paraíso fiscal que le permite tener un ingreso per cápita más alto que varias
de las economías más desarrolladas del planeta.
Terminado el Mundial, Dippenaar regresó a su país para seguir al frente de
Petra. Lo suyo nunca ha sido el fútbol, y además de ser un boxeador
frustrado, le gusta jugar squash en sus ratos libres. Su lugar natural por el
cargo que ocupa debería ser una oficina, pero él prefiere visitar las minas
cada vez que puede. Asegura que es difícil moverse a cientos de metros
bajo tierra, con poco aire, luz y espacio, pero sabe también que de su mano
Petra puede crecer hasta dimensiones insospechadas años atrás.
Dippenaar no baja a los yacimientos solo por curiosidad o sentido de
responsabilidad; si de él dependiera, sacaría uno a uno los diamantes que
esconden en sus entrañas las minas africanas.