ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.

El museo lujo-excéntrico
de los capos mexicanos

8/01/10. El cuerpo disecado de Zuyaqui, el perro que más droga ha
detectado en México, monta guardia sobre las pistolas de oro y brillantes
con logotipo de Versace de los señores del narcotráfico en el militar Museo
del Enervante.

Cerca de dos decenas de armas doradas, algunas con más de cien
pequeños diamantes en la culata y otras con el nombre del sicario -como "El
Matadore" o "El Embajador"- grabado en el cañón, duermen en sus vitrinas,
en el corazón de la sede de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena),
en la capital mexicana.












No todos los sicarios pueden acceder a un arma así, no sólo por que
cuestan entre 20.000 y 30.000 dólares (el precio de dos kilos de cocaína,
aproximadamente), sino porque depende del rango y el respeto que se
hayan ganado, explica el guía del recinto.

"Con frecuencia encontramos en las armas de fuego (grabados de)
animales salvajes y joyería ostentosa, como oro, brillantes, rubíes,
esmeraldas, marfil, motivos alusivos a personajes históricos y decorados
artísticos", dice.

Está claro que "el narcotraficante busca volcar en el arma su personalidad o
parte de su manera de pensar, y la ostentación".

El lujo de la narcocultura lo exhiben toda clase de objetos incautados a
capos y lugartenientes detenidos, como el teléfono móvil de oro de Daniel
Pérez Rojas, "El Cachetes", del grupo de sicarios Los Zetas, brazo armado
del cártel del Golfo.

La seña de identidad de sus miembros, un colgante también de oro en forma
de moneda con una Z grabada, también está allí.

A su lado reposan las gafas de sol Christian Dior con patillas doradas de
Benjamín Arellano Félix, "El Tigrillo", quien fuera líder del letal cártel de
Tijuana, ahora preso en EU.

Colgado en la pared está el blanco sombrero norteño de "El J.T.", Javier
Torres Félix, operador del cártel de Sinaloa, muy cercano a su cúpula.

Por haber hay hasta una fachada de la casa de un narcotraficante
sinaloense, farol incluido, y en cuya puerta de fina madera el labrado de un
pistolero norteño advierte, rifle apuntado al visitante, entre plantas de
marihuana, que no es morada cualquiera.

Enfrente, un busto de Jesús Malverde, venerado como el patrón de los
narcos, y una figura de la Santa Muerte, un culto muy popular entre los
sicarios, según el Ejército.

El museo guarda también armamento con menos florituras que las pistolas
de oro pero bastante más mortífero, como el AK-47, rifle de asalto por
excelencia del crimen organizado, al que se apoda "cuerno de chivo" por su
cargador curvado.

También hay una Barrett, una ametralladora anti blindaje, y un R-15, el otro
rifle de asalto predilecto del sicariato.

Esta es la parte más colorista del recinto, establecido en 1985 para dar
cuenta de la lucha contra las drogas en México, donde los capos se cuentan
entre los más poderosos de América.

A sus puertas, una placa con los nombres de todos los militares caídos en
combate contra los cárteles -640 desde 1976- y un mural con soldados
luchando contra los cultivos ilegales.

El museo, que no está abierto al público, tiene un fin didáctico, para los
propios militares y para la formación de profesionales como abogados y
criminólogos.

En sus salas se detallan todas las acciones del Ejército en la lucha contra
las drogas y continuamente llegan objetos y fotografías de detenciones y
decomisos.

Una de las adquisiciones más recientes es una cuba para procesar drogas
sintéticas hallada en el mayor narcolaboratorio desmantelado en el país:
situado en la zona montañosa de Las Trancas, en Durango, parte del
"triángulo dorado de las drogas" de México, era casi un pequeño pueblo
donde el cártel de Sinaloa fabricaba hasta 100 kilos de "cristal" al día.

Allí se localizó una cabaña con todo tipo de lujos -y un catálogo de modelos-
que se presume fue hogar para Joaquín "El Chapo" Guzmán, líder del cártel
y uno de los narcotraficantes más buscados.

También se conservan los mensajes dedicados a los soldados para que no
destruyan los cultivos de amapola o marihuana.

"Seño res soldados seles suplica qesidejan este trabajo selesda un billete
pidan informacion y asemos un trato es todo aceten y nos areglamos",
apunta textualmente uno.

También pueden verse los métodos del narco para transportar la droga,
desde las "mulas" humanas a muñecos o envases de leche.

Y tal y como cantaban Los Tigres del Norte en su conocido narcocorrido
"Camelia la Tejana", un neumático con la llanta repleta de "hierba mala".



























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