ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.










                                      En la época colonial, entre 1731 y 1734, se construyó
                                      la Real Casa de Moneda por el arquitecto español
                                    Juan Peinado. Hoy es el Museo Nacional de las Culturas.

LA FUNDACION DE LA CASA DE
MONEDA MEXICANA

Dos son los cardinales vertientes que se desprenden del rico historial de la
Casa de Moneda de México: primero, su carácter de organismo institucional
encargado de proveer al país de instrumentos de cambio propios, de regular
su emisión y de conceder, por este medio, mayor fluidez al movimiento
económico; segundo, su siempre renovado aporte artístico, su capacidad
para transformar el mineral en prodigiosas piezas de oro, de plata, de cobre
y de bronce que, desde su cuño, constituyen un testimonio invaluable de la
historia de nuestra nación. PRIMERAS CASAS DE FUNDICIÓN Durante los
turbulentos años de la conquista, la Real Cédula del 14 de septiembre de
1519 autorizaba a Hernán Cortés para aquilatar, fundir, marcar y quintar el
oro labrado atesorado en grandes cantidades en la opulenta
México-Tenochtilan, utilizándose para tal fin el Palacio de Axayácatl, padre
de Moctezuma segundo. De tal manera, se establecía la que puede ser
considerada como la primera casa de fundición en el territorio de la Nueva
España, misma que proporcionaría a los españoles -con el concurso de los
hábiles y experimentados plateros de Azcapotzalco-, la práctica que más
tarde les permitiría realizar mayores y más elaboradas fundiciones. Instalado
Cortés en Coyoacán, en 1521, y urgido tanto por los apremios reales como
por los de su propia gente, dispuso prontamente que se instituyera una
nueva Casa de Fundición en ese lugar, para lo cual habilitó una de sus
habitaciones y, en presencia de tres oficiales de la corona, procedió a fundir
lo que redundó en ``más de ciento treinta mil castellanos -la unidad principal
de la época-, cuya quinta parte fue enviada al rey de España en carácter de
quinto real``. De la segunda Casa de Fundición no salieron, naturalmente,
piezas acuñadas a la usanza de las emitidas por las casas de moneda del
Viejo Mundo, sino que lo hicieron bajo la forma de tejos estampados a
golpes de martillo que, a causa de su rudimentaria concepción, nula o
escasa semejanza guardaban con las monedas propiamente dichas, ya que
difícilmente se hayaban dos cuya forma fuese la misma. Una serie de
medidas destinadas a mejorar el funcionamiento de la Casa de Fundición de
Coyoacán fueron se tomaron en 1522, siendo las principales el
nombramiento de varios funcionarios encargados de consolidar la
administración hacendaria y la creación de nuevos cargos vinculados a las
tareas específicas de fundición, siendo el más importante el cargo de
``veedor`` de dichas labores. PIDEN A ESPAÑA INSTALAR UNA CASA DE
MONEDA En 1526, el visitador Luis Ponce de León arribó a tierras
mexicanas provisto de nuevos cuños para marcar apropiadamente el oro y
la plata, y con la expresa encomienda de considerar la conveniencia de
establecer en el país una Casa de Moneda. Múltiples debieron ser los
inconvenientes que la falta de un medio de cambio estable y uniforme
ocasionaba en la naciente colonia, puesto que el 5 de abril de 1528 Nuño de
Guzmán, gobernador de Pánuco, recibió una orden real en el mismo sentido
y todavía cuatro años más tarde, el presidente del Cabildo de México,
Sebastián Ramírez de Fuenleal, reiteró la recomendación de don Juan de
Salmerón sobre la conveniencia de instaurar la ya imprescindible casa de
moneda. Sin embargo, tales gestiones no tuvieron resultado inmediato y,
entretanto, la Casa de Fundición siguió operando en las Casas
Consistoriales, a donde se había trasladado. El motivo de la mudanza había
sido doble: en primer lugar, ubicada en la Casa de Cortés (que se
encontraba aposentado en el ex palacio de Axayácatl, inmediatamente
después de dejar Coyoacán), la seguridad de la Casa de Fundición era
intranquilizadoramente precaria, o al menos así lo parecía al Cabildo; luego,
los cabildantes preferían ejercer un control más minucioso de la actividad
desarrollada en tan importante institución. Por ello, se había mandado
construír un edificio que juzgaban más adecuado junto a sus propias
oficinas, en el lugar que actualmente ocupa la sede del Departamento del
Distrito Federal. FUNDACIÓN DE LA CASA DE MONEDA DE MÉXICO
Finalmente, junto con la disposición de instituir un régimen virreinal en el
territorio mexicano, en la persona del virrey Antonio de Mendoza, se recibió
la autorización para la apertura de la tan insistentemente reclamada Casa de
Moneda. Una cédula fechada el 11 de mayo de 1535, que llevaba al calce la
firma de la reina, disponía lo anterior, ordenando asimismo la instalación de
casas similares en Santo Domingo, Potosí y Santa Fe, con lo que se dio
formal comienzo a la prolongada vida institucional de la Casa de Moneda de
nuestro país. Mediante el pago de quinientos pesos anuales, don Antonio de
Mendoza se aseguró que la primera Casa de Moneda de América contara
para su funcionamiento con un local adecuado, eligiendo para tal efecto la
parte trasera de las ``casas viejas`` de Cortés, para ese entonces
confiscadas por el diligente Consejo de Indias. El flamante organismo se
encontraba situado en el lugar en que actualmente se localiza el Nacional
Monte de Piedad. Existen numerosos indicios que señalan que la primera
acuñación en la Casa de Moneda de México se realizó en el año d 1536. Las
primeras piezas fueron realizadas a mano y tal labor fue muy poco
afortunada, tal y como lo consigna una carta enviada en 1537 por Antonio de
Mendoza al Rey de España, en la cual informa que si bien los operarios
trabajaron durante mucho tiempo ``...obtuvieron muy efímeros resultados,
pues, a pesar de su experiencia, la moneda se erraba y tenían que hacerla
de nuevo una y otra vez...``. Razones similares a las esgrimidas años atrás
por el Cabildo para mudar de sitio la Casa de Fundición, impulsaron a
trasladar la Casa de Moneda a un lugar próximo a aquella, en los linderos del
Ayuntamiento, en 1562 y hasta 1569, año en que el rey ratificó una orden
anterior que había sido desatendida, en el sentido de construír instalaciones
adecuadas para la casa de moneda. En esta ocasión, la prescripción de la
Corona fue acatada con presteza y las obras dieron comienzo en 1570, bajo
la dirección del maestro Miguel Martínez, Obrero Mayor de las Casas Reales.
La nueva edificación se hallaría dentro del perímetro del actual Palacio
Nacional, frente a la calle aún llamada, en nuestros días, ``de la Moneda``. Ya
para entonces, la labor que desempeñaba la Casa era de vital importancia
para regular el comercio y, consecuentemente, contribuir al ordenamiento
de la economía colonial en México, propiedad que se iría incrementando en
la misma medida en que la sociedad acrecentaba paulatinamente su grado
de complejidad. ACUÑACIÓN DE MONEDAS DE ORO Y PLATA ¿Cuales eran
los resultados prácticos de las labores desarrolladas en la Casa de
Moneda? ...cuartillas, medios reales, sencillos, reales de a dos, de a tres y de
a cuatro, todas ellas piezas de plata destinadas a solucionar la falta de
circúlate en la Nueva España. Las primeras monedas eran, sin excepción,
del tipo conocido como macuquino, término que define a las piezas de tosca
acuñación, bordes irregulares y espesor vario. Sin embargo, no todo el
metal que se acuñaba en la Casa era bien recibido por la población de la
colonia. Tal es el caso de las monedas de cobre de dos y cuatro maravedíes,
acuñadas en 1542, cuyo valor era considerado tan despreciable que, a pesar
de todos los esfuerzos oficiales por impedirlo, eran sistemáticamente
arrojados a los canales del Lago de Texcoco, lo que obligó a su retiro de la
circulación una década más tarde. En 1679, dando cumplimiento a lo
dictaminado por la Cédula real de 1675, con gran solemnidad se procedió,
por primera vez en México, a la acuñación de monedas de oro, también
macuquinas por sus características. Una gran variedad de piezas
numismáticas de troquelado y perfección creciente, salió de la Casa de
Moneda para difundirse por sitios tan lejanos como los países del Lejano
Oriente, que sostenían con México un considerable intercambio mercantil
por la costa del Pacífico.
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