ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.
Joyas para hombres sin complejos

Talleres y grandes firmas ya piensan en masculino a la hora de
diseñar sus nuevas colecciones

12/07/08. Piénselo unos segundos. ¿Le parece menos masculino David
Beckham por llevar pendientes de brillantes? ¿O Enrique Iglesias por
colgarse perlas negras al cuello? Afirmar que los diamantes son los mejores
amigos de las chicas, como cantaba Marilyn Monroe en la película Los
caballeros las prefieren rubias (1953), no responde a este siglo. Hoy, como
en la Antigüedad, las joyas también son para el hombre.

La historia de la joyería masculina es tan antigua como la de los metales y
las piedras preciosas. Aún así, el sector considera que tiene una deuda con
la moda de hombre. 'Por la estructura clásica y conservadora de este
negocio', aduce Juan Carlos Núñez, director de Gestión de Joyeros Kimber.
Su línea de hombre es la niña bonita de esta firma madrileña, que el año
pasado tuvo una producción de 7.000 piezas. Pese a que a su fundador,
Ángel Núñez, a sus 83 años le cuesta asimilar los tintes modernos de un
negocio que fraguó desde una buhardilla de la calle Mayor.

Y es que vestir joyas es hoy día lo más in en hombre. Desde que las
primeras marcas de lujo apostaran por el público masculino hace una
década, un sinfín de casas de precio medio les han ido a la zaga. Esa
proliferación ha democratizado la joyería masculina abriendo el abanico de
precios a todos los bolsillos. Desde los 170.000 euros de algunas de las
piezas de la colección Burning Rocks de De Beers hasta los 60 de media a
que vende Tous. Tras décadas sin poder lucir otra cosa que esclavas,
tresillos (alianza con tres diamantes) o sellos por considerar que ir más allá
resultaba afeminado, 'los hombres están demostrando gran interés por
nuevas propuestas como brazaletes, cadenas, anillos y pendientes',
enumera Juan Carlos Núñez. La joyería masculina ha tomado velocidad de
crucero. Y viene para quedarse.
Del taller a la vanguardia, en familia

Corrían los años 30. España se abocaba a una guerra civil, pero a sus
gentes les seguía animando regalarse joyas. En esa época, los diseños
buscaban las líneas rotundas, los trazos amplios y las evocaciones a la
naturaleza. Ése era el tipo de piezas que vendía el abuelo de los Núñez. Ése
era también el producto que aprendió a fabricar, de manera autodictada, su
padre. Con 83 años, Ángel Núñez -que fraguó una empresa desde un
pequeño taller en Madrid, recorrió el mundo en busca de las mejores
materias primas y llegó a asociarse con un inglés al pie de las minas de
Kimberly (Sudáfrica) para crear Kimber- le cuesta comprender el espíritu
moderno del negocio de hoy. Y es que la joyería ha evolucionado a gran
velocidad. Y los diseños de esta casa madrileña -con talleres en Madrid,
Bilbao y Amberes (Bélgica)- no se han quedado atrás. Desde los 90, cuando
los tres hermanos tomaron sus riendas, esta empresa ha experimentado,
según sus palabras, 'una revolución en todas las gamas de productos'.
Pendientes de comercializar un lápiz de memoria en oro blanco (2.000
euros), mantienen en pruebas un cordón de piedras preciosas del que
colgar el móvil. En cartera tienen otros proyectos, 'pero mejor callar', dicen,
'para no tentar a la competencia'.
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