ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.
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Regresa la fiebre del oro
Cientos de personas buscan en el oeste de EE.UU. el metal
Los altos precios y el auge de actividades al aire libre son las
principales causas
08/04/10. COLFAX, California (Por Jesse McKinley, de “The New York
Times”).— Una tarde reciente, en los congelados bancos del río Americano,
Gene Zuspan miraba con detenimiento una pila de arena mojada cuando
gritó que había visto brillar algo.
“¿Puedes verlo, justo ahí?”, insistió, mientras apuntaba a un objeto
pequeño, pero brillante, en el sedimento. “Eso es oro”.
Si era auténtico o sólo una broma, no quedó claro. Lo que sí es un hecho es
que 160 años después de que una hojuela de oro encontrada no lejos de
aquí desató una estampida a las colinas de la Sierra Nevada, todo parece
indicar que hay una nueve fiebre del oro.
En busca del tesoro Alentados por los elevados precios y por una sed
suburbana de actividades fuera de casa, miles de personas acuden a los
ricos arroyos y colinas del oeste de Estados Unidos en busca de hojuelas,
astillas y, con más frecuencia, pepitas de oro.
“El oro se podía encontrar antes en cualquier parte”, explicó Corey
Rudolph, director de operaciones de campo de la Asociación de
Buscadores de Oro en Estados Unidos. “Y ahora la gente regresa a esos
mismos lugares”.
Rudolph comentó que el número de integrantes de su asociación creció
hasta superar los 45,000, casi 40% en comparación a hace algunos años, y
que incluye a gente de otros estados que también vivieron la fiebre del oro,
como Arizona, y Colorado. En Alaska, anécdotas de pepitas enormes, de 28
gramos a 100 gramos, algunas veces más grandes, atraen cada día a más
gente al río Yukon y sus afluentes, en busca de algo que los convierta en
millonarios.
Las ferreterías señalan que no se dan abasto para cumplir con la demanda
de herramientas. “Hace unos días vino una dama en muletas, no era una
joven precisamente, para pedirnos un detector de metal de 3,200 dólares y
una planta de energía de mil dólares”, recordó Steve Herschbach,
propietario de la ferretería “Alaska Mining & Diving” en Anchorage.
“Intentamos explicarle la situación, pero no escuchó nada”.
Y es que no toda la acción está en el agua. Algunos de estos modernos
gambusinos llevaron su búsqueda a basureros de minerales, abandonados
desde hace muchos años por los antiguos mineros, armados con
detectores de metal de alta tecnología y con la esperanza de encontrar lo
que generaciones anteriores no podían detectar. En Arizona, muchos se
dirigen a cauces secos para buscar entre la tierra, en donde podría haber
quedado atrapado el oro en inundaciones pasadas.
California, febril Sin embargo, en ningún otro lugar se vive esta nueva fiebre
con más intensidad que en California, hogar de la famosa “Mamá Lode de
las Sierras”, en donde el descubrimiento de oro en 1848 ocasionó una
migración nacional.
Al igual que sus antecesores, muchos de los buscadores modernos de oro
no tienen más equipo que una cacerola, una pala y un gran sueño.
A diferencia de los originales gambusinos, no obstante, algunas de las
caravanas que se forman hoy día incluyen camionetas, impermeables y
teléfonos celulares. Y si bien muchos expresan que mantienen las
esperanzas de encontrar mucho oro, sus clubs actúan también como redes
de socialización, en donde sus integrantes intercambian relatos de lo
emocionante que deber ser gritar ¡Eureka! ante la vista de al menos una
pepita de oro.
“No hay nada como encontrar oro”, enfatizó Pat Putnam, de 57 años, quien
encontró una pepita del tamaño de una moneda de un centavo. “Es una
sensación indescriptible, porque sabes que eres la primera persona que lo
ve”.
Durante muchos años considerada la provincia de los jubilados y de los que
tienen cientos de pasatiempos, esta región se inundó en fechas recientes de
jóvenes aventureros, debido también en gran parte a los dos programas
sobre el tema transmitidos por el Outdoor Channel.
No todos, desde luego, llegan aquí sólo en busca de aire fresco. Rob
Goreham, minero y vendedor de equipo de Columbia, California, en el mero
corazón de “Mamá Lode”, comenta que cientos de buscadores de tiempo
completo en California viven de esta singular profesión, pero ¿hasta que
punto? “Nadie le dirá la verdad nunca”, indicó Goreham, como se esperaba
del veterano buscador de oro que es. “Nos va bien, y eso es todo. No voy a
decir más”.