ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.
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España vende la mitad de sus reservas
de oro
El banco central se desprendió en tres años de buena parte del
noble metal en busca de menores riesgos y más rentabilidad
16/09/07. El oro ya no es lo que era. De ser reserva prácticamente espiritual,
un seguro de vida intocable para los Gobiernos, ha comenzado a ser parte
de la leyenda. Ahora a los bancos centrales les interesa más tener activos
con más liquidez y menos arriesgados. Durante los últimos años, después
de la instauración del euro como moneda única, en Europa se ha desatado
una frenética venta de sus reservas de oro.
En España, donde la dictadura franquista convirtió las reservas de oro en
una especie de trauma histórico desde el famoso oro de Moscú (el Gobierno
republicano trasladó la mayor parte de las reservas a Rusia durante la
Guerra Civil), el banco central ha vendido casi la mitad de las que tenía
durante los tres últimos años hasta dejarlas en algo más de nueve millones
de onzas, 280 toneladas, lo que ha supuesto unos beneficios de 2.500
millones de euros.
¿Por qué se ha producido esta masiva venta? La explicación es sencilla. La
función del oro como inversión ha cambiado con el tiempo, ya no sirve para
compensar pagos entre países ni para intervenir en los tipos de cambio ni,
incluso, es una garantía como diversificación de activos.
Los bancos centrales buscan el mínimo riesgo y la máxima rentabilidad de
sus activos. En esa ecuación riesgo/rentabilidad, tener muchas reservas de
oro es arriesgado y no genera ninguna rentabilidad y, si se venden, los
ingresos que se obtienen contribuyen a mejorar las arcas públicas. Los
bancos, en lugar de tener un activo no rentable, han optado por ponerlo en
valor vendiendo parte de las reservas. Es decir, se baja el riesgo y se eleva
la rentabilidad.
Así que, cuando se constituyó el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos
centrales de los países del euro transfirieron sus responsabilidades en
política monetaria a Francfort, acordaron vender a terceros -los principales
compradores son economías emergentes y países asiáticos- parte de las
reservas que no habían transferido al BCE. El acuerdo, al que también se
sumaron otros países europeos fuera del área euro, fijó plazos de cinco
años, de manera que unos países vendieran entre 2000 y 2004, y otros entre
2005 y 2009 a razón de un máximo de 400 toneladas al año en el primer
periodo, y de 500 en el segundo periodo. En éste le tocó a España, menos
apremiado para recibir ingresos.
Al comienzo del periodo, las reservas del Banco de España ascendían a 16,8
millones de onzas (525 toneladas). Desde entonces, ha vendido el 46%, un
total de 7,7 millones de onzas (242 toneladas), lo que ha supuesto unos
ingresos de 3.500 millones de euros, según datos públicos de la institución.
De esta cifra, unos 2.500 han sido plusvalías que se han destinado a reforzar
el balance del Banco de España, mediante aportación de capital y reservas o
para compensar algunas minusvalías provenientes de créditos pasados con
algunos organismos, sobre todo con la Seguridad Social.
La entidad se ha aprovechado del alza del precio de la onza, que el viernes
cotizaba a 706 dólares. Este precio, no obstante, suele tener fuertes
oscilaciones que le han llevado a pasar de más de 900 dólares a finales de
los años setenta a menos de 300 a principios de esta década.
Los ingresos obtenidos han permitido que la entidad cuente hoy con 2.000
millones de euros de recursos propios (1.000 millones de capital y otros
1.000 de reservas) frente a los 4,54 millones que tenía a finales de 2005. Es
decir, una situación patrimonial mucho más ágil, que permite
autofinanciarse y no tener que depender de los Presupuestos Generales del
Estado.
Es decir, los ingresos se han quedado en el banco y no han ido a parar al
Tesoro para otros menesteres. En círculos políticos de la derecha se ha
especulado con que se destinarían a financiar medidas sociales anunciadas
por el Gobierno en la precampaña electoral, como las ayudas para los recién
nacidos, o a sanear la balanza de pagos. Según fuentes consultadas, parece
absurdo pensar eso cuando las ventas de reservas se están haciendo
desde 2005 y responden a un acuerdo alcanzado en 1999, precisamente
durante el primer Gobierno del PP.
Este acuerdo entre los bancos centrales, además, permite que el banco
central español siga vendiendo hasta 2009 con el único límite mencionado
de no pasar de 500 toneladas al año. Sin embargo, la entidad ha decidido
mantener las reservas en torno a los nueve millones de onzas (280
toneladas) que quedan en la actualidad. El Banco de España, en ese
sentido, ha seguido la política trazada en el anterior turno por otros bancos
centrales (Suiza y Reino Unido las redujeron a la mitad, y Francia se
desprendió de cerca de 20 millones de onzas, aunque todavía mantiene más
de 80 millones) y ha dejado las reservas en un colchón considerado de
prudencia que puede utilizarse en otras ocasiones.