ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.
Inmigrantes guineanos que convierten
el polvo en oro

DAKAR (Reuters) 7/07/07.  En una choza en ruinas, que luce como la guarida
de un alquimista medieval, jóvenes africanos usan un ácido azul
burbujeante para convertir polvo en oro.

Agachado sobre tablas de piedra, media docena de hombres con rocas en
sus manos muelen arena y tierra convirtiéndolas en pequeñas partículas.
Uno gira una rueda para avivar las llamas de un horno cavado en el suelo,
enviando chispas volando hacia el techo de madera.

El taller de la actividad, enclavada detrás de un complejo familiar en el
corazón de la bulliciosa capital senegalesa de Dakar, es parte de una
industria artesanal que sobrevive en base a los restos que al final de cada
día son barridos del suelo de las joyerías.

Alrededor de 50 inmigrantes guineanos a duras penas se ganan la vida
lavando y separando restos de plata y oro del suelo, antes de revendérselos
a los joyeros para que los conviertan en anillos, brazaletes y collares para
turistas europeos.

Algunos trabajan en una playa del centro de la ciudad cerca los talleres de
los joyeros, realizando un lavado preliminar con agua de mar antes de filtrar
la mezcla arenosa por presas de madera. Los depósitos que ellos recolectan
luego son vendidos al "laboratorio" para su separación química.

"Los guineanos son especialistas en oro. Es un país de minería de oro," dijo
Michel Kamara, de 54 años, perteneciente a la primera generación que se
ganó la vida reciclando polvo de oro en Dakar antes de pasar el oficio a sus
hijos y primos.

La recolección de polvo de oro de esta forma no es algo único. Almacenes y
fábricas de joyeros en Estados Unidos y Europa lo hacen a diario. La
mayoría cuenta con máquinas que capturan el polvo y lo hacen pasar por un
sistema de filtros para reconvertirlo en su forma sólida.

Pero Senegal, visto como un refugio de relativa prosperidad en el turbulento
oeste africano, atrae a inmigrantes de toda la región, particularmente de
Guinea, uno de los países más pobres del mundo, a pesar de los depósitos
de bauxita, hierro y oro.

La mayoría de los 10 millones de habitantes de Guinea vive con menos de 1
dólar al día y el descontento político a puesto al país de rodillas, enviando a
miles a Dakar, al otro lado de la frontera, donde muchos se ganan la vida
como vendedores de frutas o administrando pequeños comercios callejeros.

Reciclar oro es un empleo de último recurso. Los limpiadores pueden ganar
hasta 3 dólares al día si tienen suerte y encontrar depósitos decentes entre
los desperdicios, pero a menudo vuelven a sus casas con las manos vacías.

En el mercado mundial, el oro actualmente está llegando a los 20 dólares por
gramo.

"Ellos vienen aquí si no consiguen otro trabajo porque conocen este lugar ...
aquí tienen familiares, amigos," dijo Kamara, hablando un inglés cadencioso
que aprendió durante sus tiempos como marinero.

BASURA QUE BRILLA

En Soumbedioune, un tramo de la playa de Dakar que se encuentra entre
una desembocadura de una cloaca y una corte, los cazadores de tesoros
han montado una línea de tablas inclinadas que funcionen como presas
para que separen lo que es valioso.

Sus parientes han trabajado en esta zona de la playa durante décadas, lo
que significa que parte de los desechos de la joyería hallados en la arena
han sido desenterrados, tamizados y fundidos una y otra vez.

"Trabajamos un mes, reunimos todo lo que recolectamos, luego lo
vendemos," dijo Mamadou Samba Ba, de 21 años, vestido con una camiseta
verde manchada por la transpiración y pantalones cortos rotos, mientras el
océano atlántico le mojaba los pies.

"A veces uno encuentra 2 gramos, a veces 8 gramos, a veces nada," agregó,
sosteniendo en alto un pequeño sobre plástico con residuos negros
filtrados listos para ser vendidos al 'laboratorio'.

Algunos incluso han hallado piezas de joyería traídas por la corriente que
habían sido perdidas en las ingentes calles de Dakar y echadas al mar por
las cloacas, o arrojadas al agua por ricos senegaleses bajo indicación de su
marabout, o maestro islámico, de que hicieran un sacrificio ante el océano.

Los pescadores locales que playa arriba construyen piraguas, tradicionales
botes largos de madera, ven a los excavadores guineanos de oro con algo
de desconcierto e incredulidad de que puedan sobrevivir en base a escarbar
la arena repleta de basura.

Pero en la guarida del alquimista, escondida en una calle trasera del
populoso barrio Medina en Dakar, los inmigrantes son quienes ríen último.

"Cuando la arena llega de Soumbedioune le damos una segunda lavada, la
molemos y la filtramos," explicó Yoro Ba, quien después de trabajar en la
playa por años decidió montar el laboratorio para evitar los ojos curiosos de
los pescadores.

El polvo luego es cocinado y molido nuevamente sobre las tablas de piedra
para proporcionar una superficie tan grande como sea posible antes de ser
disuelto en el ácido caliente.

"Cuando lo ponemos en ácido este separa el bronce del cobre. Sólo quedan
el oro y la plata. Luego simplemente se lo volvemos a vender a los joyeros,"
dijo con una sonrisa, sacando una barra de 250 gramos de plata refinada del
bolsillo trasero de sus vaqueros.
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