ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.
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Los diamantes son para siempre
6/10/06. Se dice que el diamante es el mejor amigo de una mujer y
el peor enemigo de la cartera de un hombre. Como quiera que
sea, estas joyas han representado poder, riqueza, amor y
desgracia a lo largo de muchos siglos.
Los diamantes se formaron hace miles de años gracias al intenso
calor y la enorme presión que imperan en las capas más
profundas de nuestro planeta. Estas magníficas piedras llegaron
a la superficie gracias a las erupciones volcánicas que
convulsionaron la Tierra hace decenas de miles de años y se
dispersaron en ríos y océanos.
Fue precisamente en un río donde se cree que se encontró el
primer diamante de la historia.
Los antiguos griegos creían que los diamantes eran pequeños
destellos que habían caído de las estrellas y que algunas piedras
eran lágrimas de los dioses. Incluso existe una leyenda que habla
de un valle inaccesible localizado en Asia que está
completamente cubierto de diamantes.
La palabra diamante tiene su origen en el griego “adamas” o
“adamantem”, palabra que quiere decir “el invencible”. Este
nombre tiene su origen en las cualidades de los diamantes, pues
es el mineral más fuerte que existe y sólo puede ser cortado por
otro diamante.
Las descripciones más antiguas de estas piedras preciosas se
remontan al siglo IV antes de Cristo. El primer yacimiento de
diamantes, mismo que se encontraba en un río, fue descubierto
en la India alrededor de 800 años antes de nuestra era. Los
diamantes podían encontrarse en las orillas del río y los
depósitos tan bastos que pudieron proveer de diamantes al
mundo hasta el siglo XVIII.
En el siglo XIII aparecieron unos pocos diamantes en Europa y
fue entonces cuando el Luis IX, Rey de Francia, decretó una ley
que reservaba el uso de los diamantes exclusivamente a los
reyes.
Se cree que Venecia fue la cuna de la industria de corte de
diamantes alrededor del año 1330 y se estima que este arte llegó
a Francia a finales de ese mismo siglo. Para el siglo XVII los
diamantes ya eran utilizados por la aristocracia y ricos
mercaderes y su uso se generalizó entre quienes podían pagar
por las joyas.
El descubrimiento de grandes yacimientos de diamantes en
Sudáfrica en 1870 y la venta de las joyas de la corona francesa en
1887 terminaron de popularizar los diamantes, piedras preciosas
que desde entonces son la corona de la joyería mundial.
El mundo de los diamantes.
El valor del mercado global de diamantes para joyería supera los
63,000 millones de dólares anuales. Este es el mercado de
diamantes más importante, pero no el único. Los diamantes de
uso industrial y los diamantes de inversión superan los 12,000
millones de dólares al año; es decir: la industria tiene un valor de
más de 75,000 millones de dólares anuales.
El mercado estadounidense, cuyo valor asciende a 31,500
millones de dólares, es el más importante del mundo y representa
poco más del 40% del mercado global.
Botswana es el mayor productor mundial de diamantes y
representa el 31% de la producción mundial, mientras que Rusia
y Australia le siguen con el 19% de la producción cada uno.
Los diamantes en México.
El mercado mexicano de joyería tiene un valor superior a los
$1,500 millones de dólares y se estima que los diamantes
representan poco más del 20% de ese mercado.
¿Cómo escoger un diamante?
Hay cuatro características que se deben atender cuando se
quiere comprar un diamante: corte, quilates, claridad y color.
Corte: Hay que fijarse en el grado y profundidad del corte, así
como en el pulido. Mientras más profundo sea el corte, menos
brillo tendrá la piedra.
Quilates: el peso de los diamantes se mide en quilates, así que
entre más peso, mayor el valor.
Cada quilate se divide en 100 puntos; es decir: si compra un
diamante de 75 puntos, estará pagando por ¾ de quilate. Un
quilate equivale a 200 miligramos.
Claridad: La mayoría de los diamantes tienen defectos
pequeñísimos llamados inclusiones. La claridad del diamante es
determinada por la cantidad e importancia de esas inclusiones. Al
diamante perfecto, prácticamente imposible de encontrar, se le
denomina Flawless y se le califica con las letras FL. Después de
este siguen el Internamente perfecto (IF), extremadamente
pequeñas inclusiones (VVS1 y VVS2), muy pequeñas inclusiones
(VS1 y VS2), pequeñas inclusiones (SI1 y SI2) e imperfecto (I1-I2-
I3). En este último se pueden apreciar las inclusiones a simple
vista.
Color: El color de los diamantes se clasifica en letras y empieza
con la D, letra que representaría a un diamante perfectamente
blanco.
De la letra D a la F representa un diamante blanco; de la G a la J
casi transparente; de la K a la M con un toque amarillo casi
imperceptible; de la N a la R con un muy ligero tono amarillo y de
la S a la Z de tono amarillo claro.
Si usted tiene el deseo de comprar un diamante, pero no confía
en sus habilidades calificadoras, siempre hay un remedio al que
puede recurrir: un laboratorio gemológico. Ellos pueden verificar
la calidad del diamante por usted y asegurarle que su compra
vale lo que piensa pagar por ella.